Quiénes escriben los partes, cómo armamos cada reporte de temporada y para qué sirve.
Nos mandábamos los mismos mensajes después de cada salida al hielo: cuántos pejerreyes habíamos sacado, si había alguna perca grande picando, en qué pozo funcionó la carnada y a qué hora bajó la temperatura. Un día nos dimos cuenta de que esos mensajes ya eran, en los hechos, un parte de pesca en serio, así que lo ordenamos y lo mandamos como tal. El primer informe de la temporada llegó a once pescadores de la zona, todos conocidos del club, y desde ahí no paramos de armarlo cada semana.
Cada parte de pesca arranca en el lago, no en el escritorio. Alguien de la comunidad tiene que haber estado esa mañana, haber visto picar y medido el espesor del hielo con sus propias manos. Si un dato —dónde picaron las percas, qué señuelo funcionó, cómo estaba el hielo— no se puede confirmar en una segunda salida, directamente no entra en el informe.
Nada se describe en el parte si ninguno de nosotros lo vivió en el hielo.
Las salidas sin pique también quedan. Ahí se aprende más sobre las aguas locales.
Si un dato del parte estaba mal, lo corregimos ahí mismo y avisamos qué cambió.
Un informe completo de temporada con mapas de los mejores pozos, y un parte corto de campo con el reporte de capturas de la semana —percas, pejerreyes, algún lucio perdido—, siempre enviados a la mañana, antes de que salgas para el lago.
Te podés dar de baja cuando quieras, con un solo clic.